sábado, 12 de enero de 2019



La resistencia de Juan Diego X'oyep contra la militarización
*Hace 21 años las tsotsiles de la comunidad encararon a los militares. Breve historia de la foto Las mujeres de X´oyep-
*La locura de un fotoperiodista llamado Pedro Valtierra

Juan Balboa
Cómo entender que un fotógrafo que sólo utiliza telefotos y rechaza los lentes zoom –como los que se utiliza en la fuente de deportes– pueda generar imágenes de situaciones de conflicto que hagan historia. Pues eso es posible para Pedro Valtierra.
Noche del 2 de enero de 1998. El hotel Casa Vieja de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, era un “panal” de fotógrafos. Todos habían llegado por el aniversario de la irrupción zapatista, seguros de que habría otra masacre como la de Acteal o que el Ejército Mexicano irrumpiría en las zonas donde se movía el subcomandante Marcos.
Tras lo ocurrido en Acteal (45 personas fueron asesinadas por un grupo de paramilitares el 22 de diciembre de 1997), en el municipio tsotsil de Chenalhó, el mismo donde se ubica X´oyep, las empresas de medios de comunicación enviaron un “enjambre” de fotógrafos: lo mismo La Jornada que El Universal o Reforma, también agencias y periódicos extranjeros. Todos, unos 100, ansiaban lograr la “foto”, llegaban con una energía contagiosa, pues esperaban, estaban seguros, obtener una imagen emblemática, histórica, la de su vida profesional.
Pedro Valtierra coordinaba a tres fotógrafos de La Jornada. El mismo número tenía en Chiapas el periódico Reforma y, otros, como El Universal, eran equipos de dos, por lo menos.
Esa noche del 2 de enero pobladores de Chenalhó nos habían informado que habría “algo caliente en  X´oyep”, una comunidad tsotsil que no aparecía en el mapa de la guerra contra el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) pero ubicada en la carretera que conduce a Acteal.
Me trasladé al hotel Casa Vieja para platicar con Pedro Valtierra, intentaría convencerlo de que nos acompañara al día siguiente, muy temprano, a X’oyep. Él ya había hecho planes para viajar a la Selva Lacandona, en especial a San Quintín, uno de los principales campamentos del Ejército Mexicano ubicado en el municipio de Ocosingo.
Regresé a casa. Acordé con el videoasta Carlos Martínez Suárez viajar juntos. En la noche, casi madrugada, recibí una llamada de Pedro informándome que iría con nosotros “si todavía hay un lugar para mí”. “Desde luego”.
El 3 de enero de 1998, sólo 10 días después de la terrible matanza de Acteal, ya viajábamos de San Cristóbal de Las Casas a X’oyep; pasamos el desvío al municipio de San Andrés Larráinzar, atravesamos la cabecera municipal de Chenalhó y llegamos a una pequeña casa poco adelante de la comunidad de Yabteclum, donde dejaríamos el Jeep para emprender una caminata de unos 5 kilómetros de montaña que nos dejó exhaustos.
11:05
Sorpresa
Todo era tranquilidad y armonía en la comunidad. Los tres nos preguntábamos si de verdad habría “algo caliente”. Nuestro ánimo se apagaba. Preguntamos por la actividad. La respuesta fue la misma: ”Paciencia, paciencia…”
Una hora después vimos mucho movimiento, mujeres y hombres aparecían como fantasmas por todas partes, gritaban en su lengua materna algo que no podíamos traducir y caminaban, todos, hacia un lugar específico.
De súbito, como si la sorpresa fuera parte de su fuerza, siluetas de mujeres jóvenes y niñas aparecieron –muchas con bebés en los brazos y la espalda– en el camino rumbo a la punta de la montaña de X’oyep. Niños y hombres las seguían con andar lento, cautelosos. En menos de cinco minutos todos rodearon a los militares que levantaban un campamento y fueron protagonistas de uno de los hechos más peligrosos desde que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional declarara la guerra, el cual pudo tener un desenlace fatal.
Serían unos 500 metros de caminata. Consignas, gritos. Tsotsiles apareciendo en áreas de árboles frutales. Ahí estaba el objetivo de la comunidad: un grupo de unos 50 militares que habían llegado a construir una base –el campamento 20 en todo el territorio de Chiapas, en ese momento– en un cerro estratégico desde donde se divisaba una de las cañadas del municipio de Chenalhó, presuntamente zona que servía de camino a miembros del EZLN.
11:45
El trueno
Los habitantes de San Juan X’oyep rodearon el acantonamiento del 94 Batallón de Infantería, a cargo del mayor Armenta. En tan sólo 15 minutos los militares se enfrascaron en una riña incontrolable con los tsotsiles y su campamento se redujo a un pequeño círculo con viviendas, pertenencias y alimentos.
Unas treinta pedranas (así se conoce a las nativas de San Pedro Chenalhó) encararon con gritos a los militares, quienes no despertaban de su pesadilla. Una empezó a empujar a un soldado alto y obeso que, sin pensarlo, abrazó su arma para evitar se la arrebatara, pues la tsotsil, de baja estatura, ya lo había intentado, con una fuerza que dejó atónito y estupefacto al hombre, quien a pocos centímetros de su oído escuchaba el “trueno” que le escupía: “Fuera ejército de aquí.”
Pedro caminaba alrededor del círculo formado por las mujeres de X’oyep. Su rostro no podía ocultar la felicidad. No daba descanso a sus cámaras. Descubrió la escena del militar alto, obeso y con espanto en su cara y la mujer, con “voz de viento de huracán”, aguerrida.
No lo pensó mucho.
Primero se subió a una roca que le daba un ángulo perfecto para hacer tomas abiertas, pero no duró mucho; bajó veloz para poner su cámara a unos centímetros de donde se realizaba el forcejeo. Después supimos que la mujer guerrera Antonia Jiménez Jiménez, quien se convirtió en un ícono del movimiento de resistencia en Chiapas, fue una referencia en los movimientos sociales en México y un emblema en el ámbito internacional.
12:30
“Fuera…”
Se escuchaba un concierto de gritos de mujeres pidiendo la salida de los militares: “Fuera ejército, fuera ejército… Los ejércitos están violando la ley mexicana. No es lugar militar aquí. ¿Por qué se meten acá? Es una violación de la ley. Aquí no es campamento militar.”
Ellas continuaban empujando a los militares: “Fuera ejército.” Se hablaban. Los gritos en tsotsil y español eran más fuertes, con mucha energía, tanto que seguramente se les escuchaba en los poblados cercanos. Al concierto se sumaron voces de hombres y niños.
“No empujen”, dijo uno de los habitantes de San Juan X’oyep a los invasores. Las mujeres zangoloteaban a los militares espantados, casi petrificados; sus rostros eran de asombro, molestia, encabronamiento, irritación, sobre todo impotencia. No sabían cómo reaccionar, no se los enseñaron en sus cursos castrenses ni se los indicaba el protocolo del Ejército.
“Fuera”, era la principal partitura de un concierto de gritos en español y tsotsil.
Los zangoloteos continuaron, cara a cara; los soldados ponían las manos en sus armas como intentando jalarlas. El ambiente era tenso y se esperaba una reacción violenta. Aguantaron. No se movían. Seguían sin romper el círculo en torno a sus mochilas y los enseres de cocina y las casas de campaña.
Era un bullicio, las tsotsiles no paraban de reclamar al ejército su presencia en San Juan X’oyep.
Uno de los militares con más alta jerarquía giró la cabeza hacia los pocos periodistas presentes y, sin pensarlo, amenazó: “Ustedes los trajeron con tal de hacer noticias”, refiriéndose a fotógrafos, camarógrafos y reporteros de unos cuatro medios de comunicación nacionales.
Cada minuto el círculo de los militares se reducía.
13:00
El fotógrafo
Ánimos candentes: los bandos gritándose y los empujones cada vez más violentos desde ambos lados; el ambiente como un volcán en ebullición. Los militares aventaban a las mujeres.
“Fuera todos ejércitos, fuera, fuera… Ejércitos fuera de X´oyep, fuera, fuera…”
Ellas no cedían un centímetro. Retaban. Los militares fruncían la cara, se mordían los labios, sus ojos girando por todos lados. Ellos parecían salirse de sus cabales, a punto de perder la cabeza; no entendían qué pasaba, tampoco sabían cómo reaccionar.
Quien operaba el radio no despegaba un minuto el auricular de sus oídos, manteniendo comunicación con la Comandancia de la 31 Zona Militar ubicada en Rancho Nuevo, San Cristóbal de Las Casas.
Era tanta la presión que apareció el militar de más rango, el mayor Armenta, a pedir una tregua:
–Díganles que nos vamos a retirar, vamos a levantar las cosas –pidió a quienes él consideraba los dirigentes o manipuladores.
Le respondieron:
–Ajá, ¿pero ya no van a regresar mañana?
–No, no, no.
–¿Ni pasado? –insistieron.
–No, no, no…
–Es que nosotros no queremos que vuelvan a entrar…
El militar explicó:
–No les hicimos nada, habíamos quedado con la señora (señaló a una mujer que se encontraba en la protesta) que no íbamos a pasar para allá (al pueblo), que aquí íbamos a estar estacionados. Si querían la ayuda bien, si no también, pero ustedes no respetaron eso.
–Queremos que se retiren pacíficamente –insistieron algunos hombres de la organización civil Las Abejas.
–Sí, nos vamos a retirar… Dígale a su gente que nos den la oportunidad. Ya vamos a juntar las cosas.
Mujeres y hombres conversaban alto en tsotsil. Muchos no creían al militar, quien pidió que todos regresaran al pueblo para organizar la retirada. Le respondieron a gritos que eso mismo prometieron en otros poblados y se quedaron. La paciencia india se desbordaba.
El militar insistió:
–Nosotros ya nos vamos a ir, palabra, dennos oportunidad de juntar nuestras cosas bien.
Valtierra ignoraba la conversación. Desaparecía entre los manifestantes, se tiraba al suelo, arriba de la roca, en medio de las mujeres y los militares. Con su cámara y el telefoto de 50 milímetros recorría el círculo donde las pedranas tenían prisioneros a los soldados, sólo se escuchaba un sonido constante, sin descanso: era el obturador, no daba tregua a la cortinilla del aparato.
Allí conocí al verdadero fotógrafo.                                                                                                                         
De repente aparecieron periodistas y reportero gráfico de Reforma y un equipo de Televisa. Nunca entendimos cómo llegaron o quién les aviso. El fotógrafo y el camarógrafo nunca se acercaron, todas las imágenes las captaron a siete metros, más o menos.
El ambiente subía de temperatura, llegamos a pensar que los militares dispararían.
Pedro seguía… se escuchaba el sonido del obturador.
Unos gritos retumbaban en la cañada de San Juan X’oyep. Era una sección de la Policía Militar (PM) que llegaba en apoyo de sus compañeros presos por unas tsotsiles empoderadas.
Un dirigente de la organización civil Las Abejas informó en tsotsil la petición del militar de retirarse a sus viviendas.
Gritos, silbidos, algunas palmas… y una vez más el grito de batalla: “Fuera, fuera ejército, fuera… Chiapas, Chiapas no es cuartel, fuera ejército de él… Fuera ejército… Chiapas, Chiapas no es cuartel, fuera ejército de él… Fuera ejército, fuera ejército…”
Las mujeres rompieron la valla circular en torno a los militares, dejaron de empujar y forcejear con ellos. Empezó la calma. Los soldados aceptaron la tregua para recoger su equipo y retirarse.
Armenta insistía en que se replegarían pero si ellos regresaban a su poblado. Los habitantes de X’oyep no le creían, le argumentaban un “hasta que ustedes se vayan nosotros regresamos a nuestra casa”.
–Apúrate, pues, váyanse ya –le espetaron de frente.
Otra vez el bullicio.
“Fuera, fuera, fuera ejército…”
Necio el militar, regresó a ver a los representantes de Las Abejas. Les rogaba parar “el alboroto” para que ellos recogieran y se fueran.
Se pidió en tsotsil a los habitantes de X’oyep que dieran “chance” de organizar el repliegue.
–No nos podemos ir corriendo, tenemos que platicar y organizar nuestra retirada –insistió el militar. El mayor explotó–. ¿No quieren el apoyo? Bueno, pero no nos vamos a ir sólo porque tú nos quieres correr. No estamos invadiendo propiedad privada… ¿Me entiendes? Ustedes están violando nuestros derechos, nosotros no estamos invadiendo propiedad privada. Todos tenemos derechos… Sencillo.
Le respondieron:
–Mira, están espantando a la gente. Éste es el camino en donde salen al mercado, donde caminan con su familia, es donde nace el ojo de agua, el agua que tomamos.
Una mujer reclamó al militar por haber tomado la tierra del pueblo. Él contestó que ella había pasado hacía unas horas:
–Me dijiste buenos días, te dije buenos días. Nadie te dijo nada. Pasaste y se te permitió el paso. Han venido a tomar agua y se les permitió…
Y se fue contra uno de los líderes de Las Abejas:
–No nos avientes a mujeres y niños.
Lo ignoraron. Allí esperarían los pobladores a que se retiraran.
Intervino otro miembro de Las Abejas:
–Prometiste salirte hoy… Mira, sigues aquí. Nosotros aquí vivimos.
–No los estamos molestando –respondió el mayor.
–No nos están molestando pero no necesitamos su presencia. Sentimos miedo. Pobres mujeres y niños temen a ustedes porque no son civiles, ustedes son ejército.
Más gritos, murmullos, entre los habitantes, la mayoría mujeres, muchas jóvenes.
Los periodistas se acercaron al militar.
–¿Qué pasó, mayor? –le preguntamos.
–No quieren la ayuda, no los vamos a obligar, pero debe imperar la prudencia para que no pase a mayores –respondió con voz baja. Y continuó–. Ayer vino una representante de ellos y habló con el mayor Quezada. Les dijo que si querían la ayuda que vinieran, nosotros no pasaríamos al pueblo. Nosotros cumplimos, ellos son los que no. Argumentaron que el terreno era propiedad de ellos y temen que las mujeres puedan ser molestadas. En ningún momento han sido molestadas. Ustedes lo han visto ahorita que se ha actuado con cordura. En ningún momento se ha molestado a nadie, así se lo dijimos y así va a seguir sucediendo. Venimos a ayudarlos… No quieren la ayuda pero tenemos la orden de permanecer aquí.
El reportero de Televisa insistió:
–¿Se van a retirar?
La respuesta fue la misma:
–No, seguiremos aquí.
Informó que la ayuda era de atención a la salud. El grupo estaba conformado por médicos, enfermeras, medicamentos y hasta alimentos, dijo.
–Pero si requieren la ayuda entonces se las vamos a brindar. No se han acercado.
Se le cuestionó acerca del temor de que las cosas pasaran a mayores y se salieran de control.
–Pues sí –respondió– porque la gente está siendo manipulada, no están actuando con su propio criterio. Hay alguien que los está manipulando, y les están haciendo un mal. Venimos en paz a darles la ayuda, pero si no la quieren nosotros vamos a permanecer aquí.
13:30
En el cerco
Otra vez gritos y empujones. Quince minutos después, de la parte baja del cerro de X’oyep se escuchó una voz:
–Venimos a protegerlos a ustedes –era el hombre al frente de la Policía Militar (PM) con sus pertrechos y escudos eléctricos.
Los gritos de los elementos de la PM eran más nítidos, estaban cerca del campamento militar en el cerro de X´oyep. Los soldados no rompían el círculo en torno a mochilas, alimentos, armamento y hasta una cocina portátil. Empezaron a reunir sus cosas, sin romper el sitio.
De nuevo, choque de palabras entre el mayor Armenta y los de Las Abejas.
–Ustedes dijeron que se iban, no están cumpliendo su palabra. No somos muchachitos para estar jugando. Nosotros no somos el problema.
–¿Cuál es el problema? –preguntó el mayor.
–Aquí no están los paramilitares. Aquí somos gente refugiados... Vayan a buscar a los hombres armados que están matando la gente. Ellos están en otro lado, no aquí.
–A ellos los están buscando las autoridades correspondientes. No sé por qué nos vienen a agredir. Yo soy como ustedes. Yo también usé guaraches.
La conversación entró en impasse. El mayor hacía tiempo para que llegara la Policía Militar, pues ya se divisaba la columna con cascos, fornituras, toletes y sus escudos eléctricos antimotines.
Uno de Las Abejas le dijo que ya estaba hablando mucho, que ya no le iba a hacer más plática.
–Si quieren mátame aquí, mátame. Aquí vamos a quedar igual como pasó en Acteal.
Con una voz tenue pero con un tono de advertencia:
–Sálganse, sálganse, te lo digo despacito…
La Policía Militar se encontraba cerca del campamento. Eso provocó otra vez el grito de “Fuera ejércitos, fuera, fuera…”
Los militares ya habían levantado el campamento y tenían apilados mochilas, pertrechos de combate…
Los gritos continuaban. Una tsotsil le agarró el casco a un militar, quien no sabía qué hacer, la empujaba con violencia. Otras mujeres intentaban arrebatarle su arma. Se puso muy violento, pero sólo hubo gritos y algunos jaloneos.
Siguieron los reclamos. Se escuchaba otras voces de hombres en tsotsil. Hablaban de la Constitución.
“Chiapas, Chiapas no es cuartel, fuera ejército de él”
14:20
“Todos somos líderes”
La Policía Militar apareció gritando, golpeando con sus toletes los escudos eléctricos:
–¿Quién es su líder? ¿Dónde está su líder? Díganme quién es –el grupo era encabezado por un militar que mascaba algo como coca y su semblante reflejaba a una persona fuera de sí. Era quien más gritaba.
–Venimos a protegerlos a ustedes –decía a los pobladores con una voz entrecortada pues no dejaba de masticar. Seguía gritando–. ¿Dónde está su líder?
Con espuma en la boca, roja la cara, el hombre de piel blancuzca que dirigía la Policía Militar hablaba como loco, no lograba hilar una frase clara, preguntaba insistente y giraba la cabeza a los cuatro puntos cardinales buscando al supuesto dirigente.
–Su líder, queremos hablar con su líder, ¿por qué los líderes no dan la cara?
La respuesta en tsotsil fue unánime:
–Aquí los líderes somos todos.
En su desesperación por comunicarse con el supuesto líder, preguntó:
–Do you speak english? –estupefacto, no sabía qué decir.
Un silencio lo rodeaba. Su paciencia había llegado al clímax y, sin dejar de masticar –no era chicle, parecía goma de coca–, comenzó una tanda de agresiones:
–No sean cobardes, ponen a sus mujeres e hijos. Que sus líderes den la cara.
Los gritos en tsotsil eran como una cascada, dirigidos a la Policía Militar, en particular a quien les gritaba:
–¿Dónde está su líder…? –tartamudeaba intentando explicar que venían a dar seguridad, a protegerlos–. Somos hermanos, somos mexicanos, por eso queremos hablar con su líder. ¿Qué es lo que quieren? Necesitamos trabajar juntos por México.
Los gritos de los habitantes de X’oyep reaparecieron con más vigor.
El reloj marcaba poco más de las 15:00 horas.
El policía militar seguía con su retahíla:
–Venimos a trabajar con ustedes, no es posible estar divididos entre mexicanos. Nosotros apoyamos a los indígenas, apoyamos a los mexicanos. No apoyamos a ningún grupo en particular, apoyamos a los mexicanos. Queremos que haya paz.
Seguía masticando, algunos de los otros policías militares lo hacían también. Le subía el tono de su voz:
–¿Qué quieren? ¿Quién es su líder? ¿Qué cosa quieren? –y los invitó a retirarse pacíficamente–. Vayan a trabajar… Con esta actitud México no progresará. Hay que trabajar por todos los chiapanecos.
La respuesta eran gritos de mujeres y hombres en tsotsil.
–Quiero hablar con su dirigente. Nosotros no venimos a agredirlos, nunca nos darán esa orden. No tienen por qué agredirnos. ¿Qué es lo que quieren? –leía un “acordeón” pegado atrás del escudo eléctrico antimotines.
Éste era el texto que pronunciaba una y otra vez:
“Ciudadanos, vengo a nombre del gobierno legalmente establecido y conforme al artículo noveno constitucional a invitarlos que desistan de su actitud que muestran y se retiren pacíficamente a sus lugares. Tengan la seguridad de que sus demandas, por conducto de sus dirigentes, serán atendidas y resueltas la totalidad pero para ello tendrán que desalojar”.
De repente se le secaron los labios y se humedecía con su lengua pero seguía rumiando con gran ansiedad, como desesperado, una cosa chiclosa blanca.
–¿Por qué son tan cobardes y ponen a las mujeres y los niños al frente? ¿Por qué sus líderes no dan la cara?
Más gritos:
–Fuera, asesino, chupacabra, defienden a los paramilitares –y algunos de los hombres empezaron a empujarlo e intentaron quitarle el escudo, pero se retiraron porque recibieron toques eléctricos.  
Nos hicimos señas con Pedro para reunirnos con Carlos Martínez Suárez. Sentíamos que podríamos ser agredidos físicamente, pues éramos personas incómodas para todos los militares, ya nos habían acusado de manipuladores de los manifestantes y de provocar la protesta.
Temíamos que nos quitaran los equipos fotográfico y de video. De principio habíamos acordado buscar a una persona que se los llevara, pero coincidimos los tres en que era más peligroso porque podrían interceptar el correo y desaparecer los materiales. En ese caso no tendríamos cómo reclamar ni acusar a alguien.
Decidimos no hacerlo y seguimos trabajando. La agresividad de la Policía Militar asustó a muchos de quienes participaban en la protesta. Esperábamos que en cualquier momento empezara a dar golpes y detener a algunas personas.
14:55
Aterrizaje fallido
Buscábamos alternativas para salvar el material fotográfico y de video cuando escuchamos el sonido de un helicóptero. Tenía matrícula XC-BGC de la Policía de Seguridad Pública del Estado. Finalizaron los empujones. Espera silenciosa por ambos lados. El aparato hizo tres intentos de bajar al campamento pero no lo logró. Sólo se pudo observar que alguien fotografiaba desde la nave.
Veinte minutos después logró aterrizar. Nadie bajó y volvió a despegar. Más empujones y gritos. A las 15:35 horas el helicóptero reintentó descender. La neblina cubría el cerro de X’oyep, por lo que regresó a su base, cerca del poblado de Polhó, ubicado también en el municipio de Chenalhó.
15:45
Refuerzos
Los tsotsiles se retiraron hacia el poblado.
–Nos comunicaron que llegan más soldados y seguramente nos quieren agredir.
Diez minutos después llegaron más integrantes de la infantería.
15:55
El general
Unos 150 soldados cercaron el cerro de San Juan X’ochet.
El helicóptero regresó y provocó más tensión. En su último aterrizaje bajó un general. Entendimos que era el encargado de la zona de Chenalhó. Lo abordamos los pocos periodistas que nos encontrábamos en X’oyep. Al ver las cámaras de televisión asumió una actitud de diplomático, la Policía Militar guardaba silencio.
El general Jiménez confirmó que se quedaban.
–Queremos darle seguridad a la gente. Algún tipo de agresión no creo que pase. La gente no está violenta, simplemente está mal informada.
16:05
Chingón
Era el momento de desaparecer en la escena para difundir el material. Un joven nos acompañó hasta la carretera. Llegamos sin novedad. Desde que subimos al Jeep Pedro empezó a hablar de las fotos que había logrado.
Bajábamos el cerro cuando escuchamos:
–Es el mejor material que he tomado en mucho tiempo.
Volteamos a verlo. No le hicimos caso porque nuestra prioridad era llegar al Jeep. Bajamos las montañas. Todo era silencio. Subimos al vehículo y emprendimos el regreso a San Cristóbal de Las Casas. Cuando nos alejamos unos kilómetros volvimos a respirar con normalidad, el color volvió a nuestros rostros y escuchamos a un Valtierra que no hablaba, casi gritaba.
–No saben lo que traigo, es un material de primera, chingonsísimo. Fotos que harán historia. No se imaginan lo que traigo, de verdad –repetía una, otra, muchas veces. Así todo el camino.
17:15
El trofeo
Llegamos a San Cristóbal de Las Casas. Pedro corrió a revelar los rollos al único lugar donde se ofrecía el servicio, cerca del parque central, a pocas cuadras del hotel Casa Vieja. Una hora más tarde regresó. El reloj marcaba unos 10 minutos antes de las 21.
Se aisló de fotógrafos, camarógrafos y periodistas que llegaban a esa hora de las regiones territorio del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Todos se concentraban en el restaurante para compartir anécdotas, peripecias y los materiales logrados.
La ausencia de Pedro Valtierra del lugar que muchos consideraban –el restaurante del hotel Casa Vieja– una sala de redacción llamó la atención del ejército de comunicadores, más cuando se enteraron de que trabajaba en su cuarto a puerta cerrada.
En la habitación del hotel Pedro se agasajaba con las imágenes; su gozo crecía cada vez que veía uno de los negativos de su labor en X’oyep; en cada cuadro confirmaba que tenía uno de sus trabajos más completos e histórico de su vida profesional.
En la toma de uno de los negativos de uno de los rollos encontró la imagen histórica que tituló Las mujeres de X’oyep, fotografía con la que hizo historia: el periódico La Jornada rompió con su diseño de portada y desplegó en toda su primera plana la imagen de la pedrana ejerciendo presión contra el militar; hizo visible a la mujer tsotsil en el conflicto del EZLN contra el Ejército Mexicano; se volvió un ícono y una de las más importantes en la historia del fotoperiodismo.
Es una de las imágenes más reproducidas en portadas de revistas, documentales, pósters, playeras y apareció en las protestas en México y el mundo para apoyar el movimiento zapatista o rechazar la presencia del Ejército Mexicano en Chiapas.
Las mujeres de X’oyep fue premiada en la Tercera Bienal de Fotoperiodismo de 1998 y ese mismo año ganó el Premio Internacional de Periodismo Rey de España por la mejor imagen noticiosa internacional. (Jubacu).
                                    

viernes, 14 de septiembre de 2018

Se cumplen 194 años de la anexión de Chiapas a México


                                   

Se cumplen 194 años de la anexión de Chiapas -en ese entonces bajo el dominio de Guatemala- a México o la federación de Chiapas con México. Se federó con la República Mexicana después de la disolución del Primer Imperio Mexicano y la declaración de independencia de las Provincias Unidas Centroamérica. Chiapas, como antiguo territorio constituyente de la audiencia de Guatemala, fue invitada a unirse a la nueva república. Las élites políticas en la provincia se hallaban divididas entre aceptar esta invitación o federarse con México.


viernes, 3 de agosto de 2018

Entre fronteras: Los retos de AMLO, justeza en reparto de publicidad y poner fin al Chayote, el soborno de los periodistas




Juan Balboa

Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de México, está obligado a normar con justeza la publicidad oficial y terminar con la famosa Ley Chayote. El colectivo #MediosLibres le han solicitado al nuevo presidente  y a los próximos legisladores derogar la Ley Chayote, la cual está impugnada en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).
El mismo senador electo de Morena en la Ciudad de México y uno de los más influyentes dentro del partido morenista, Martí Batres, ha dicho que la reducción al gasto de publicidad anunciado por López Obrador debe estar acompañada de los nuevos criterios de asignación que establezca la siguiente legislatura
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) han expresado su interés en el asunto, especialmente después de que el Senado de la República aprobó, en el primer semestre, la Ley General de Comunicación Social (también conocida como la Ley del Chayote), que permite, entre otras cosas, que la Secretaría de Gobernación regule y administre el gasto en publicidad gubernamental.

El Chayote, el soborno de los periodistas

Desde el gobierno del presidente de México Adolfo López Mateos (1958-1964), el nombre de la fruta chayote - es una cucurbitácea cuyo fruto es de amplio uso como hortaliza- empezó acuñarse como un término coloquial para nombrar a la corrupción –sobornos aceptados- entre los periodistas mexicanos.
Organizaciones de defensa de los derechos de los periodistas, centros de investigación de derechos a la información, activistas y periodistas no tienen duda de que la cosecha del “Chayote” es ahora más productivo entre el gremio pero la forma en que se obtiene se ha estilizado.
Todos coinciden en que la corrupción (Chayote) entre los periodistas persiste en la mayor parte de México, incluyendo el soborno a periodistas mal pagados para influir en su producción editorial, así como otros pagos supuestamente efectuados a editores, propietarios y publicistas.
El informe "Comprando complacencia: publicidad oficial y censura indirecta en México" del  Centro de Análisis e investigación, Fundar, y la oficina para México y América Central de Articulo 19, destaca que los reporteros mexicanos se enfrentan a sueldos miserables, a la inseguridad en el empleo,  puestos competidos, violaciones de las disposiciones laborales, y una amplia gama de riesgos físicos que pueden culminar en asesinato.
Y dan un dato demoledor: “Los periodistas que están empezando sus carreras pueden esperar un sueldo de 3,000 a 4,000 pesos mensuales (de 226 a 300 dólares)”. En Oaxaca los periodistas se les paga de 30 a 40 pesos (de 2,5 a 3 dólares) por cada artículo publicado.
Los bajos salarios hacen vulnerables a los trabajadores de los medios de comunicación y, en su mayoría, deben buscar un segundo empleo; son presas de la corrupción (El Chayo) y optan por soluciones menos legales y éticas; pero sobre todo buscan alternativas para enmascarar las dádivas que reciben por parte de los gobiernos municipal, estatal y nacional.
Los representantes de Fundar, Artículo 19, la Casa de los Derechos de los Periodistas y Sala de Prensa, en entrevista, hacen la radiografía de las nuevas formas de corrupción o ayuda estatal que corrompe al gremio periodístico:
“Algunos reciben un nombramiento oficial como asesores del gobierno para justificar los pagos mensuales que se les han realizado; los reporteros cubren un evento oficial, publican el artículo, y luego buscan al funcionario para recibir el pago por su cobertura; se entrega publicidad a periodistas con proyectos “independientes” y empresas relacionadas con funcionarios públicos.
Compra de espacios en empresas de radio y televisión para canalizar supuestos espacios publicitarios del gobierno a periodistas y encubrir el soborno; proliferan los diarios digitales en Internet, la mayoría es propiedad de los periodistas, para canalizar a través del portal la publicidad oficial.
Dentro de la información que publica la Dirección de Normatividad de Comunicación del gobierno de México  www.normatividaddecomunicacion.gob.mx), destacan los pagos “oficiales y legales” efectuados a varios periodistas de diferentes medios nacionales.
Hace poco se dio a conocer una lista de varios periodistas que aparecen en los gastos de publicidad del gobierno federal, la mayoría periodistas conocidos y cuya supuesta publicidad aparecen ¡como transferencias directas.
Algunos periodistas además tienen sus propios sitios de noticias, justamente, por la influencia que tienen. Algo así está pasando con las redes sociales, por ejemplo: Un perfil con influencia puede ser considerado un medio de comunicación por sí mismo, o al menos tiene ese potencial, por el público al que puede llegar cuando tiene muchos seguidores.
De acuerdo al Informe sobre la Ejecución de los Programas y las Campañas de Comunicación Social del Gobierno de la República de México, tan sólo la Secretaria del Trabajo y Previsión Social pagó, en el 2013, a los conductores del programa de “Tercer Grado” (de la poderosa empresa Televisa) la cantidad de 9 millones de pesos ( Casi 800 mil dólares).
La mayoría de los periodistas que reciben El Chayo son propietarios de diarios digitales o programas de radio en la Ciudad de México. Varios de estos portales además de recibir propaganda del gobierno federal, también tienen propaganda del gobierno de la Ciudad de México y el partido oficialista, el Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Es importante destacar que la mayoría de los hogares en México dependen de la radio y la televisión para obtener noticias e información diaria. El 93% de los hogares mexicanos tiene un televisor y acceso a la televisión abierta.
Sólo el 45% tiene acceso a la televisión de pago. El mercado de la televisión abierta mexicana está dominado por dos actores: el grupo Televisa que cuenta con tres cadenas y 70% del mercado; y TV Azteca, propiedad de Grupo Salinas.
Las dos principales cadenas públicas, Once TV y Canal 22, poseen menos del dos por ciento de la audiencia nacional. México cuenta con 56 estaciones de radio y televisión públicas, pero su número no es equivalente a su impacto.
México también tiene un gran sector de prensa escrita. De acuerdo al Padrón Nacional de Medios Impresos hay 1,168 publicaciones impresas en todo el país. Sin embargo, la mayor parte de sus lectores se encuentra en la Ciudad de México, donde se publican los cinco periódicos más influyentes del país.
La falta de transparencia impide tener un conocimiento preciso de los datos de circulación, y se cree que muchas publicaciones ofrecen cifras de circulación infladas e irreales. El acceso a Internet en México ha ido creciendo rápidamente, pero para la mayoría de la población aún no le es tan asequible, sobre todo en las zonas rurales.


jueves, 2 de agosto de 2018

Entre fronteras: La lucha de Facebook por deshacerse de las Fake News





Juan Balboa

Facebook quiere eliminar 83 millones de cuentas falsas o “Fake News” de las 855 millones de usuarios activos mensuales en todo el mundo. La plataforma de Facebook quiere deshacerse de las noticias falsas porque están afectando al mundo de las redes sociales.
 Las Fake News, o las informaciones falsas, se han convertido en una de las tendencias de los últimos años, es un fenómeno que se debería intentar minimizar y luchar de raíz contra él, pero es una mina de oro, un gran negocio de enormes proporciones, el cual es difícil de cuantificar y tratar de detener en estos momentos.
Generalmente el debate que antecede al voto de los electores en unos comicios está permeado por mentiras, rumores y verdades a medias. La capacidad de transmisión de las noticias falsas a lo largo del tiempo ha ido pareja al medio: de boca en boca, por carta postal, email, redes sociales y mensajería. A pesar del avance tecnológico, las noticias falsas siguen teniendo las mismas características, pidiendo que el mensaje se reenvíe a todos los contactos. “¡Reenvíalo!” o “¡Compártelo!” es casi equivalente a “Firmado”.
                                                     


De acuerdo a varios estudiosos, el votante esté cada vez menos interesados en conocer la verdad. Este ambiente pre electoral es provocado casi siempre por las noticias falsas (Fake News o Bulos, Según la Real Academia Española, un bulo es una "noticia falsa propalada con algún fin"). Las noticias falsas han existido siempre, pero ahora las redes sociales y la mensajería como WhatsApp permite mayor resonancia en menos tiempo.
La verificación de hechos o verificación de datos en periodismo se refiere a la labor de confirmar y comprobar hechos y datos que se usan en los discursos (sobre todo los políticos) y en los medios de comunicación, redes sociales y la mensajería.
 Miles de personas pueden haber visto esos contenidos y pueden haber colaborado en su difusión. Es imposible entrar en las redes sociales y no ser bombardeado por decenas de informaciones falsas cada día.
Aunque creas que el problema es de otros, tú también contribuyes a esta espiral de sin sentido que llena las redes sociales. Es así de sencillo: si no estás seguro de que la noticia es verdadera, no la compartas.
¿Cómo saber si es una noticia verdadera o falsa"?
Según varios estudios, entre ellos el realizado por Poynter Institute, es vital tener en cuenta, por ejemplo, ¿Quién publica la historia? Si es una exclusiva de una página desconocida de Internet o de un medio del que vale la pena desconfiar, no te lo creas.
Algunos  Fake News o Bulos no son publicados como tal, sino que son noticias satíricas de medios especializados. Si te suena a chiste o no te acaba de cuadrar, entra en la web y mira si el resto de noticias también siguen la misma pauta.
Los más complicados son aquellas noticias verdaderas a las que se le han añadido connotaciones falsas con intención de distorsionar la realidad. Si no estás seguro de la veracidad de este tipo de exclusivas, mira si el resto de medios la publican. Nunca leas solamente el titular, ya que puede que no refleje la verdad de la historia. Muchas veces el titular no tiene nada que ver con el texto.
Ya no estamos en un mundo en el que se use la razón. Estamos en un mundo que prefiere el bullying. Ese es el desafío que periodistas y fact-checkers debemos descifrar en esta época en la que vivimos.
El término en inglés fact-checking se traduce literalmente como “chequeo de hechos”, y la traducción habitual es la de “verificación de hechos” o “verificación de datos”, también puede ser “verificación de información”, puesto que lo que se hace es comprobar la veracidad de un contenido informativo, ya sea una afirmación concreta o una idea expresada de cualquier forma.
En ese escenario de “post-verdad”, las iniciativas de fact-checking han experimentado un boom global, incluyendo a América Latina, donde cada vez más periodistas están involucrados en iniciativas de chequeo del discurso público o de verificación de la noticias y rumores que proliferan en las redes sociales.

La verificación de información no es algo nuevo en el periodismo. En las redacciones tradicionales, los textos son revisados en múltiples ocasiones antes de su publicación para asegurar la veracidad de los hechos y la precisión con la que están escritos. Pero desde la década de los 2000, comenzó a surgir un tipo diferente de verificación de hechos posterior a su publicación, esta vez enfocada en declaraciones hechas por figuras públicas.
De acuerdo con el Poynter Institute, el fact-checking como lo conocemos hoy surgió en 2003, con el lanzamiento del sitio Factcheck.org en Estados Unidos. La práctica ha crecido, y hoy los verificadores del mundo tienen una red de colaboración internacional (la International Fact-Checking Network - IFCN, del Poynter Institute), un código de principios, una cumbre global anual e inclusive un día internacional del fact-checking, que se celebra el 2 de abril, un día después del April Fool’s Day.